Estoy interpretando las ausencias
en el viento,
y miro las marcas y señales
en estos dedos encriptados en el desamparo.
Mientras en
la transparencia
se hacen Dulzura
las letanías.
Era una noche o una mañana
o una tendencia que los fundía,
donde los fantasmas de aquellos
Tiempos cuando yo rompía
unos mangos
gastados
en las cavernas
de un estómago retorcido
por ver del hambre la ternura.
Se arrimaba por el surco en la pared
la cósmica sensación
de unos ayeres,
que
perdieron la noción de los días,
enterrados allí
mismo,
en La totalitaria
imposición del presente.
Los ausentes
no necesitan
de recuerdos
o esperanzas;
de esas peligrosas
estancias sin cuerpos,
poemas sin versos,
Retorica de gritos para espantar a los sordos.
Yo fui páramo en un norte sin brújula
Donde el espacio helaba mis suspiros,
hoy se vive
con dos manos por techo
y las tripas de los sueños en las mismas
manos que caminan el suelo.
Me hablan largo y tendido,
con ademanes
de valor moral
me convencen con mi propia miseria,
yo mientras me despabilo un poco
de ese viento rancio de mentiras,
de esta polución
que huele a negocio serio para pocos
y que temo lento, muy suave, a escondidas
se instale
en el fondo del alma de todos.
Pero la locura se escapa,
se pierde,
se hace sudor
en la quietud
y quisiera ser menos crédulo,
¡ser
intensamente!
despertar de nuestro letargo
y aletargar
en cambio a la vileza
desterrar el miedo de las calles
romper las
cadenas de su culto.
Que no me dibujen más
que no salte
ni una gota
De esa tinta que bosqueja una fe ciega
que no
explica ni se explica
Que no me arrastren
Me asaltan hasta las penas,
por el sendero de su codicia,
nos encapsulan en su mediocridad
me roban
hasta sus raíces
Las secan al calor del poder y la ambición.
*Lucas Zurschmitten .

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